Raúl Salas: «El aprendizaje experiencial contribuye a que el colaborador supere sus propias barreras»

Las organizaciones puede crear situaciones outdoors, donde los participantes logren aprender mediante la experiencia corporal y emocional, que ‘engancha’ con el aspecto cognitivo. El docente de la Diplomatura de Coaching Profesional de la PUCP así lo sustenta.

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El aprendizaje experiencial, el proceso de ‘aprender haciendo’, no es una metodología exclusiva para los niños. De hecho, las empresas pueden apostar por actividades fuera de la oficina -que buscan emular escenarios cotidianos- para que los colaboradores consigan aprender a través de una experiencia que ‘conecte’ el cuerpo con la mente.

Raúl Salas, docente de la Diplomatura de Coaching Profesional de la PUCP, sostiene así que el Outdoor Training hace posible que los trabajadores alcancen un aprendizaje profundo y sostenido, a través de la experiencia corporal y emocional que ‘engancha’ con el aspecto cognitivo.

Esa herramienta facilita que los participantes descubran sus fortalezas y debilidades y, además, superen aquellas barreras que ellos mismos se han impuesto. “¿Cuántas cosas la gente no está logrando porque cree que no puede hacerlas?”, cuestiona en referencia a los desafíos que suponen ciertas actividades laborales.

“Digamos que una compañía necesita que sus empleados aprendan a trabajar en equipo, entonces lo que hace es generar una situación donde los integrantes de ese grupo tengan que superar un reto en particular para garantizar un buen trabajo en equipo. No se trata de charlas ni de manuales”, explica.

“Después de pasar ese reto, las personas que conforman el equipo reflexionarán, a partir de esa experiencia, sobre cuáles son sus destrezas, habilidades, competencias y analizarán qué cosas necesitan aprender para operar mejor dentro de su equipo”, complementa Salas con respecto al Outdoor Training.

Lo que se busca es generar, según dice, un aprendizaje que permita alinear lo cognitivo, lo corporal y lo emocional. En ese sentido, precisa, es posible “intervenir a partir de lo corporal para generar un aprendizaje sostenido”.

Si un colaborador, por ejemplo, proyecta una falta de confianza en sí mismo ante los demás, entonces puede comenzar a trabajar a partir de su postura: pararse derecho e inclinado levemente hacia adelante con las manos en los costados, o inclinarse hacia delante sobre un escritorio con las manos apoyadas con firmeza en su superficie.

La práctica de estas posturas enérgicas contribuirá, en el largo plazo, a que esa persona adopte y exhiba una actitud de confianza y seguridad en sí misma. “Esos ejercicios van a ayudar a que el trabajador rechace aquellos pensamientos que lo hacen sentir desconfiado de sí mismo. Esas posturas generan una emoción diferente y, por tanto, desembocan en un aprendizaje”, finaliza.